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Más de tres millones de personas en el estado español tienen un salario igual o menor a 300€ . Eso significa que además de que obviamente son trabajadores y trabajadoras pobres, no engrosan nuestras voluptuosas listas de desempleados y, por tanto, forman parte de la recuperación del mercado laboral y de la economía de la que se jacta el Partido Popular. La “presunta “recuperación de nuestra economía se erige sobre las espaldas de millones de empleos precarios, que aplastan con su peso las vidas de otros tantos millones de personas. ¿Es accidental?

Aunque trataron de suavizar posteriormente sus palabras, hace ya un año que Juan Rosell -ese oscuro personaje que preside la CEOE, muy a tono por otra parte con dicha institución- dijo literalmente que el trabajo “fijo y seguro” es “un concepto del siglo XIX”, ya que en el futuro habrá que “ganárselo todos los días”. Dicho y hecho, el futuro ya está aquí. Alguien debería haberle comentado a Rosell que la esclavitud y el trabajo sin derechos son unos cientos -si no unos miles- de años más antiguos para que al menos no se creyese el colmo de la modernidad. La cuestión es que hacia allí andamos, o mejor dicho, hacia allí quieren hacernos caminar y con rapidez, que hay prisa.

Eso que llamamos “precariedad” no tiene una definición unívoca. Puede referirse tanto a carencia de medios y recursos, como a carencia de estabilidad y seguridad. Eso sí, siempre es que te falte algo necesario. La campaña “que no te jodan la vida” es precisamente una campaña contra la precariedad, y me consta que mucha gente se ha preguntado por el sentido de hacer una campaña contra la precariedad en vez de una campaña por el empleo digno. La respuesta es que aunque el derecho al trabajo en general, y a tener un empleo digno en particular, es uno de los pilares -y seguramente desde nuestra perspectiva el pilar fundamental- para combatir la precariedad, no es el único. Como tampoco la laboral (aunque evidentemente impacta en casi todas las demás) es la única área vital donde la precariedad se vive y se manifiesta.

Por eso creo pertinente retomar la definición de precariedad del párrafo anterior y adaptarla un poco para que sea más esclarecedora. Deberíamos definir la precariedad como un estado generalizado de inseguridad vital causado por las vulnerabilidades que han ido surgiendo a consecuencia de las reformas neoliberales. Algo que no es puntual o pasajero, sino que se ha convertido en el sistema mismo y que pone el sostenimiento de la vida en riesgo de forma permanente. Las instituciones que antes –al menos creíamos, o queríamos creer- se basaban en un modelo inspirado en los derechos sociales o aspiraban a ello, ahora se basan únicamente en el modelo de mercado. Y donde además, de forma sádica, desde la ideología dominante, se imputan las situaciones de precariedad al fracaso personal en vez de a las propias contradicciones del sistema.

De forma que en un sistema precario, la competencia para conseguir migajas de seguridad estimulan el individualismo y la falta de solidaridad, incomunica, dispersa y obliga a competir en una guerra de pobres contra pobres. Y no solo desplaza los riesgos económicos a las vidas de los y las trabajadoras, sino que también lo hace a sus mentes (hazte emprendedor).

Y es que, contestando a la pregunta inicial la respuesta es no, la precariedad nunca es accidental. Como no es accidental lo que tiene una o varias funciones, y la precariedad sirve al menos claramente a dos objetivos: favorecer la acumulación en un sistema capitalista que está gripado, y conseguir el control social que se necesita para que la rueda siga girando sin grandes sobresaltos.

Se repiten mantras machaconamente desde los poderes públicos y privados y desde medios de comunicación, con poca o ninguna opinión discordante, lo que parecen ser máximas científicas irrefutables fuera de toda discusión: que hay que complementar nuestras futuras pensiones con planes privados, que la mecanización y robotización avanzan imparables y eso terminará sí o sí con el trabajo, que la sanidad y la educación no funcionan si son solamente públicas, y así podemos llenar un folio… Que no nos engañen, lo que quieren es que no sólo tengamos trabajos de mierda sino vidas de mierda. Que seamos parte de su recuperación. Uno de esos números que sumados componen la línea ascendente de “ocupados” en el gráfico de colores que luego nos tiran a la cara para probar a cuatro tintas su valía. Y eso es lo que me gustaría que se tuviera en cuenta a la hora de componer y corear consignas este primero de mayo, y el resto de días reivindicativos que vengan detrás; que lo que queremos es -por resumir- que dejen de jodernos la vida.

Sol Sánchez. CoPortavoz de IU Madrid.

Artículo en Mundo Obrero.

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