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Después de unos días para asimilar el desborde de este 8 de marzo, debemos reflexionar sobre qué situación nos deja esta masiva manifestación de apoyo, compromiso y fuerza del movimiento feminista. No se trata de adivinar el futuro, sino de intentar analizar los significados que nos deja este 8M para seguir luchando por un país feminista desde nuestro papel como movimiento político y social.

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Creemos que la única certeza de este texto es que esta es una tarea colectiva, una oportunidad, que con estrategia y organización puede incidir en las grietas del sistema para la construcción de la conciencia colectiva de este país. Por lo que esto es más una invitación a participar, debatir y consolidar nuestro trabajo en el movimiento feminista de nuestros barrios, introducir la perspectiva de género en nuestras asambleas, AMPAS, asociaciones de vecinos… Y por supuesto una invitación al trabajo que hacemos las mujeres de IU Madrid en el área de la mujer. Sin fuerza de trabajo, compromiso y organización esto se quedará en una fotografía hermosa.

Tiene que haber más que una felicitación, un aplauso y listo. Como organización debemos estar a la altura de lo que ha conseguido el movimiento feminista. Las reivindicaciones del 8M han dejando contra la espada y la pared a la derecha de este país -azul y naranja- a no tener más remedio que aceptar que se ha redefinido el sentido común desde la palabra feminismo, que no sólo implica erradicar una brecha salarial -que hace ahorrarse al capital casi 42.000 millones de euros al año- sino lo que significa que exista esta brecha salarial, yendo a la raíz del problema.

Las violencias contra las mujeres son un síntoma del patriarcado y la lucha contra las mismas debe ser la construcción de una sociedad igualitaria y eso, está en el esqueleto de un país no en los papeles mojados que firma este gobierno. Queremos los 200 millones de euros en los próximos presupuestos del estado, queremos educación afectivo sexual en los currículos escolares, no queremos los CIES ni los tratados de libre comercio, queremos niños y hombres que desarrollen nuevas masculinidades, queremos una justicia que nos proteja y queremos libertad e igualdad para todas las mujeres: gitanas, trans, rurales, migrantes, racializadas, mayores o con diversidad funcional. Hemos parado para cambiarlo todo.

La cooperación y autoorganización de las mujeres entre nosotras pero también el apoyo de nuestros aliados hombres, ha sido muy importante por visibilizar otra manera de corresponsabilidad social, además a través del uso de los espacios públicos y autogestionados. Esta demostración saca a la esfera pública los cuidados, redefine nuestro concepto de comunidad y evidencia que sólo a través de la organización colectiva se pueden articular respuestas firmes y claras de que otra forma de vivir es posible.

Las estrategias baratas de la derecha para sumarse al carro del feminismo con un lazo morado queriendo borrar su propia historia no han funcionado. Ya nadie puede sentirse indiferente ante las reivindicaciones del movimiento feminista. Resultan ridículos y vacíos los gestos de los hombres y mujeres que protegen este sistema opresor, como el de Pablo Casado que tuvo que esperar a las siete de la tarde del 8 de marzo para decir “soy feminista” o Albert Rivera autoproclamandose líder del feminismo transversal. Esto, que parece un chiste, después del estupor y la risa, debemos tomarlo en serio, porque es lo único que pueden hacer los defensores del sistema capitalista: intentar absorber el feminismo. Debemos estar alerta, porque el feminismo que salió a las calles el pasado 8, defendía el feminismo del 99%, el feminismo anticapitalista. Cada vez que nosotras paramos, ellos avanzan.

¿Qué debemos hacer nosotras y nosotros desde IU? Debemos estar a la altura de nuestra sociedad y del país que queremos construir, que en un 82% veía razones para ir a la huelga del 8M. Tenemos que dar el ejemplo, no sólo enorgulleciéndonos de ser el único partido que llega al 50% de mujeres en responsabilidades, sino entendiendo que debemos de dar un vuelco feminista a nuestra organización. Desde la implicación de los hombres en la formación del feminismo y el trabajo en nuevas masculinidades, como el desarrollo de una política interna que transversalice la teoría y prácticas feministas o el rediseño de nuestra actividad militante para que cambie sus dinámicas masculinizadas de asambleas, actos o documentos, entendiendo otras formas de trabajo en equipo, horarios o enfoques políticos, son sólo algunas de los enormes retos que tenemos como organización y debemos afrontarlos con estrategia, organización y compromiso real de todas y todos. Tampoco las mujeres de esta organización se van a conformar con papel mojado.

Por otro lado, debemos defender un feminismo que nos incluya a todas las opresiones de las mujeres, debemos entender la diversidad como una fuerza, aprendiendo de ellas para amplificar nuestras voces pero también para abrir nuestra mirada. Debemos seguir acumulando fuerzas, para que ese 1% se sienta tan arrinconando que asuma la palabra democracia.

Pero no nos podemos olvidar de nuestra obligación con las ciudadanas y ciudadanos de ser útiles, de ser capaces de intervenir en el conflicto, trabajando con el movimiento feminista y tejiendo redes que enriquezcan nuestras miradas y actualicen nuestros diagnósticos para cambiar las relaciones de poder que tenemos en la sociedad: nuestra primer objetivo para cambiarlo todo es politizar y nuestra estrategia, trabajar para conseguir la legitimidad en las calles y que se comprenda que hay alternativa: Izquierda Unida.

Es clave exigir medidas concretas que pongan en entredicho al gobierno y a sus socios, no se puede defender el feminismo y estar a favor del contrato único, no se puede defender la lucha contra la violencia de género y dejar millones de euros sin gastar porque no hacían falta… PRESUPUESTO = COMPROMISO Aterrizar las demandas significa politizar, demostrar las realidad que ya no asumimos y ofrecer alternativas.

Visto el desborde que hemos vivido durante la jornada de la huelga feminista, debemos entender que no podemos darnos por vencidas en la lucha por el relato, por contar nuestra historia, por reconstruir nuestra memoria feminista con orgullo y aprender de ella, o por la lucha de la hegemonía cultural y la visibilidad en los medios de comunicación. Esto debe ser un soplo de esperanzas para vislumbrar un horizonte con el puño levantado. A trabajar compañeras y compañeros.

Porque fueron somos. Porque somos, serán.

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