“El franquismo privatizó la memoria”

Cuando Pedro Sánchez alcanzó la Moncloa, propuso estrenarse con la extracción del cuerpo de Francisco Franco del Valle de los Caídos, aquel mausoleo que el dictador hizo construir para honrar a una memoria que todavía no se ha borrado del todo de nuestras calles. Así, con el ánimo de terminar lo que empezó José Luis Rodríguez Zapatero con la Ley de Memoria Histórica, el presidente parece dispuesto a dar carpetazo a un pasado que se convierte en un dolor de cabeza para el Ayuntamiento de Madrid cada vez que lo toca. En este contexto, Madridiario charla con Mauricio Valiente, tercer teniente de alcalde y encargado de la Oficina de Derechos Humanos y Memoria Histórica. El objetivo, ver qué queda por hacer a nivel municipal en estas cuestiones.

Pregunta. ¿Por qué han tardado tanto las instituciones en llevar a cabo una política de memoria histórica?

Respuesta. Las dictaduras son mecanismos muy eficaces. No solo porque hacen desaparecer los elementos que suponen un riesgo para ellas, sino también porque dejan un poso de miedo e inhibición de la mayoría social.

Entonces, las políticas públicas de este país se construyeron en torno al olvido, porque era una especie de vacuna contra el miedo que se había inoculado en el conjunto de la sociedad, como si no hubiera existido toda esa época negra. Durante la transición a la democracia, ese temor, en un contexto muy difícil con rumores de golpe de estado y presencia militar, tuvo dicho efecto. Se jugó con un sentimiento mayoritario en la sociedad. La culpa la tienen quienes se aprovecharon de ese miedo para mantener su impunidad, que es a quienes se ha de señalar ahora que podemos y debemos levantar el velo del olvido.

P. En este sentido, ¿está preparada la sociedad para levantar ese velo y que no se perciban las políticas de memoria histórica como revanchismo?

R. Es posible y es necesario porque ya no existe ese miedo, aunque no va a estar exento de polémica y debate. En los años 70 había una amenaza real de golpe de Estado y había una presencia directa de los herederos del franquismo en las instituciones públicas, porque aquí no se depuraron las responsabilidades de quienes habían torturado y encarcelado. Hubo una continuidad institucional que daba un soporte material al que he hecho referencia y que era muy mayoritario.

Afortunadamente, el paso del tiempo eso lo ha diluido. Ese miedo ahora no existe, ahora lo que existe son intereses de quienes son herederos de esa complicidad. Es el momento de poder aplicar políticas de memoria que tienen que ver con una ciudad que se ha construido en base a luchas sociales y de libertad. Va a generar polémica porque el principal partido de la oposición es el Partido Popular, cuyo presidente fundador fue un ministro de la dictadura. Ahora mismo no hay miedo de una involución democrática pero sí hay quienes se dan por aludidos.

Creo que es un error por su parte, porque esto no va sobre nuestros abuelos y sus abuelos, esto va sobre qué memoria y qué identidad colectiva queremos construir: si en la que está basada en una continuidad institucional o en la que se basa en los hitos que han hecho posible que en esta ciudad haya derechos y libertades. Esto no es una historia familiar, es historia de una ciudad y de cómo quieres identificarte.

P. ¿Y cómo se combate eso? ¿Cómo se contraargumenta?

R. Con mucha pedagogía y con mayorías en las instituciones: ha habido un movimiento ciudadano que ha reclamado memoria y ha habido un Gobierno como el nuestro, con voluntad de construir una política de ciudad a través de medidas como el cambio del callejero o la recuperación de señalamientos con placas explicativas.

Pese a eso, es difícil porque tenemos una derecha muy reaccionaria que no entiende que es necesario construir una identidad democrática para el futuro del país. Por eso digo que no va a ser un proceso sin polémica, pero la pedagogía va avanzando y la voluntad política se va consolidando en un conjunto de representantes cada vez más amplio.

En este sentido, el proceso será imparable porque es lo que necesita el país en un momento de crisis de identidad como el que hemos vivido con lo sucedido en Cataluña. Esa identidad solo es posible desde una memoria democrática que denuncie que hubo una dictadura franquista que fue la que más hipotecó la posibilidad del futuro de los pueblos de este país porque privatizó la memoria, hizo que hablar de España sea una cosa de fachas, al contrario que durante la República. Uno lee a Machado o a Alberti y ve cómo hablaban con mucho orgullo de España y cómo era la patria de la modernidad, del futuro. La dictadura no solo reprimió, sino que también privatizó la idea de España, y eso dejó un poso de resentimiento que solo puede ser recuperado con una política de memoria y de entidad que es fundamental para el país.

P. ¿Está satisfecho con lo hecho durante estos tres años? ¿Qué queda por hacer?

R. Creo que hemos dado un vuelco y hemos abierto un camino nuevo que era muy necesario, pero queda mucho por hacer. Sobre todo a la hora de concienciar a la ciudadanía para que entienda que no hacemos estas políticas de memoria para fastidiar a un determinado partido o para remover heridas, sino con una orientación positiva.

En cuanto a las políticas, hemos sido muy ambiciosos con el cambio del callejero, con la colocación de memoriales y placas en los centros de represión, con exposiciones museísticas que traen de manera permanente lo que fue la lucha por la democracia… y, en este sentido, queda mucho por construir.

Mauricio Valiente, tercer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid. (Foto: Javier Bernardo)

Personalmente, me quedo con el sinsabor de que ha sido una lucha muy polémica. Una lucha permanente por cada cosa que hemos movido, por la oposición que hemos tenido. También porque el inicio tenía que ver con actuaciones que eran, digamos, de limpieza de los restos del franquismo de la ciudad. Ahora será más fácil porque llega una fase de recuperación de los grandes personajes y de identidades que han ayudado a la historia de la ciudad. Creo que esa etapa será más consensuada que la primera fase, que tenía que ser necesariamente de confrontación y depuración con el pasado.

Espero que esta semilla vaya fructificando y creo que así será porque la política de memoria tiene que ser una política permanente de ciudad.

P. ¿Es un punto de inflexión sacar a Franco del Valle de los Caídos?

R. Que el nuevo Gobierno haya puesto sobre la mesa la necesidad de hacer políticas de memoria histórica nos parece que es el camino a seguir. En cierto sentido, Madrid ha estado a la vanguardia cuando ha llevado a cabo acciones para cumplir con la ley de Memoria Histórica y hemos echado mucho en falta que el Estado y la Comunidad cumpliesen la ley, porque nos han llegado a tratar con una deslealtad tremenda.

P. ¿Basta con sacar a Franco?

R. No creo que baste, es una medida necesaria que tiene que ser acompañada con una política pública que busque la identidad de país a la que me he referido antes, que tiene que ver con seducir y construir colectivamente una identidad basada en lo positivo que tiene este país.

La Comisión de Naciones Unidas para los desaparecidos sigue recordando que España, junto con Camboya, es el país con el mayor número de desaparecidos. Que Franco esté enterrado con mucha gente que no quiso estar enterrada allí en una especie de mausoleo a su memoria ya es un drama, pero hay muchas más necesidades dentro de una política de memoria como la recuperación de quienes todavía están en las cunetas, la identificación de los lugares de memoria o el reconocimiento permanente de lo que fue el exilio.

P. Y una vez esté Franco fuera, ¿puede convertirse el Valle en un lugar de memoria y reconciliación?

R. Yo creo que sí, explicando quién y para qué se construyó. También llenándolo de contenido explicativo y pedagógico.